No voy a abrir nada más que una vez la mano, y tengo que elegir bien cuándo, no vaya a ser que se me escape el suspiro atrapado, no vaya a ser que salga un poquito antes, debo esperar el momento justo…
Doy dos pasos más saliéndome del borde de la página y sé que debo tener cuidado y perder todo tipo de esperanza, porque sino, no tendrá sentido, habrá perdido totalmente cualquier razón de ser.
Miro atrás por un instante, porque esa es la actitud y abro la mano, sale un poco tímido al principio y luego continúa, ya un poco más tranquilo, como una lucesita azul brillante que se extiende en el aire, y lo veo con nostalgia, porque sé muy bien de dónde viene, cuánto dolor carga, cuanta esperanza desvanecida, cuántos sueños estropeados.
No queda más que caer ahora, no me retengo más sobre algo que no es, él acaba de salir volando por la ventana, para subir alto, hacia alguna nube, para convertirse en gota de agua que entrará con fuerza por alguna gotera o morirá aplastada contra el parabrisas de algún auto oscuro que pase delante el cine a las tres de la tarde del lunes que viene.
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