sábado, noviembre 29, 2008

VETE DE MI

Tu que llenas todo de alegría y juventud
que ves fantasmas en la noche de trasluz
y oyes el canto perfumado del azul
vete de mí

No te detengas a mirar
las ramas muertas del rosal
que se marchitan sin dar flor
mira el paisaje del amor
que es la razón para soñar y amar

Yo, que ya he luchado contra toda la maldad
tengo las manos tan desechas de apretar
que ni te puedo sujetar
vete de mí

Seré en tu vida lo mejor
de la neblina del ayer
cuando me llegues a olvidar
como es mejor el verso aquel
qe podemos recordar.

domingo, noviembre 23, 2008

destruyendo hilos invisibles


Anoche vi una araña, gigante, el cuerpo parecía tener el tamaño de una moneda de dos pesos.
No podía emitir siquiera un grito, nada, solo la miraba con la boca abierta, se me erizaba la piel y yo me alejaba, poco a poco. Me frotaba los muslos con las manos, como queriendo quitarme este miedo que se me iba subiendo.
A pesar del grito ahogado, sentí una sonrisa asomando por la comisura de mi boca, la sentía asomarse, pero era raro, porque el miedo era genuino.
Entró mi mamá, ella si pegó un grito, casi como de gato, agarró un zapato y pum! estrelló a la pobre araña contra el velador de la cama -debio entrarse del jardín, no vuelvo a dejar la puerta abierta-Después, silencio.
Yo me conmoví, la araña me dio un cacho de pena, pero asco tambien, era de un color pálido y era grande, de seguro pocas veces había sentido el calor del sol en su lomo.
Luego me eché en la cama...empecé a hacer zapping y senti algo raro, una especie de melancolía de almita perdida, de pena...pobre araña, me dije y cambié de canal.

miércoles, noviembre 12, 2008

Bastante inoportuna

Yo no quería, te juro que no quería soñar contigo, quererte tanto, ahogarme asi en cada verso que pones en una hoja pentagramada, dejarme dibujar un bichito o una de esas figuras que tanto te gusta hacer, esas que parecen figuras danzantes...

Una hojita se mueve poquito , de un lado al otro y cuando viene roza la ventana y se la siente, cómo se hace notar... yo me tengo que resignar, desde la cama la veo, la oigo y espero algo que no sé muy bien qué es, pero espero, espero...

No vas a llegar, no vas a venir, no despues de lo que te dije anoche, no despues de que me viste tan caprichosa pidiendote que te quedaras, pidiéndote que vueles conmigo, que cuando hablemos no lo racionalices tanto, ya qué, al final eres tu, eres hombre, eres de esos que ven y luego dicen: y cómo se siente usted al respecto...

No necesito arena seca en mis zapatos, dime que te vas a meter al agua conmigo, que vas a recoger piedritas conmigo porque sí, que nos largaremos allá lejos, a ver las estrellas entre los árboles...no quiero ciudad ni consultorio, ni horarios, ni trabajos que nos hagan usar traje y corbata, quiero libertad, quiero correr siguiendo una hojita que el viento lleva, esa hojita que antes chirreaba contra mi ventana...

Cuánto queda ya por decir?


No voy a abrir nada más que una vez la mano, y tengo que elegir bien cuándo, no vaya a ser que se me escape el suspiro atrapado, no vaya a ser que salga un poquito antes, debo esperar el momento justo…

Doy dos pasos más saliéndome del borde de la página y sé que debo tener cuidado y perder todo tipo de esperanza, porque sino, no tendrá sentido, habrá perdido totalmente cualquier razón de ser.

Miro atrás por un instante, porque esa es la actitud y abro la mano, sale un poco tímido al principio y luego continúa, ya un poco más tranquilo, como una lucesita azul brillante que se extiende en el aire, y lo veo con nostalgia, porque sé muy bien de dónde viene, cuánto dolor carga, cuanta esperanza desvanecida, cuántos sueños estropeados.

No queda más que caer ahora, no me retengo más sobre algo que no es, él acaba de salir volando por la ventana, para subir alto, hacia alguna nube, para convertirse en gota de agua que entrará con fuerza por alguna gotera o morirá aplastada contra el parabrisas de algún auto oscuro que pase delante el cine a las tres de la tarde del lunes que viene.

martes, septiembre 23, 2008

de X a Y

Cuando llegue allá, donde la lluvia me llama y las calles empedradas susurren mi nombre, me sentaré y miraré hacia una ventana, a esa que sé será la que busco, y dire: Rocamadour, bebé Rocamadour... terminaré de tomar un cafe con brandy y me ire caminando, recordando lo que Julio y Truffaut ,me enseñaron...
Y tocaré un árbol, buscando que mi caricia viaje de X a Y, donde un hombre estará besando a una mujer que no seré yo.

Te fui deshojando, una a una

Un dia se mezclaron los sueños con el humo del cigarro que me botaste en la cara.....hubieran dicho que estaba mal....que le pasa, que atrevido, no me importa, te comi a besos, te arranque una a una las hojas que te daban esa forma que siempre quise y nunca fui, te escuche, te sentí, te bebi y te comi, y nadie entendio...y dijeron que estaba loca, que no se ama a lo que ya está muerto, pero no me importó te conocí y al fin fui libre....cada palabra me abría más puertas.....Ellos se decepcionaron y ahora me toman por loca...lo que no saben es que nosotros....los locos somos libres..y felices...

domingo, septiembre 14, 2008

Miel con sabor a eucaliptos

De Cochabamba a Mar del Plata...
Dejame hacerte el té con la miel que a ti te gusta, besar tu heridas y reirme a tu lado. Te veré dormir a mi lado mientras el tren nos lleve a un desierto de sal donde solo tu y yo existamos y el tiempo se detendrá, nos miraremos a los ojos y el tiempo se detendrá.
Tocaras para mi y yo te seguiré en la melodia que dibujarás en el aire. Reiré para ti y curaré tus heridas cerraré tus ojos con un beso y no me ire, no me ire nunca más.

Entre tanto te espero

Romero, miel, café, lluvia, airecito frio, vientito caliente
Lagrimita que cae, pasos que retroceden, corazón que tiembla, oido que escucha, boca que besa, que habla, que siente.
Y los niños jugarán y dirán viste wakawaka, con tu acento de gauchito y la nena se acercará cuando se haga una avería y cuando diga algo le saldrá poesía.
En eso te tomaré de la mano, seré feliz, ahora soy feliz, soy eso que quise ser, tengo lo que soñé tener, tenerte a mi lado por siempre, con besos y canciones, acordes de guitarra y poemas de García Lorca a media noche, bajito, en susurros, no vaya a ser que despertemos...quiero seguir contigo en un sueño eterno.

Construyendo tu rostro con adivinaciones de amor

En un desierto de sal, tu y yo juntos por siempre, vamonos al fin del mundo?, agarraras mi mano y me susurraras poemas de Jodorowsky y Gelman al oido, y yo te besaré suavito y te cantaré para que duermas a mi lado.
Te miraré a los ojos y te extenderé mi brazo, tomarás mi mano y no me dejarás más, me diras entre parentesis todo lo que callas, besaré tu rostro y tu sonreiras y me abrazarás, te rascaré la cabeza y te besaré la espalda.
Cuando no tenia nada desee, cuando todo era ausencia esperé... llegaste de la nada y mi corazon dio un brinco cuando me dijiste que me querias, cuando me pediste que me quedara, cuando me pediste que fuera tuya.
Jugaré con tu cabello y te comeré a besos y me diras viste? con ese tono tan lindo y bailaras tangos conmigo y seré tuya por siempre.

"Yo no escribo,
no soy un hombre,
pero en mi bruma,
conozco bien la inmensidad,
son mis ramas,
mis aguas,
mis antepasados... !
Y que feliz la verdad de este sueño fugaz !"

"Yo te digo,
que te escucho cuando me hablás...
la distancia es tan grande,
que no sirve mirar,
solo sentir las estrellas,
y saber que se mueven...
! Y que feliz la verdad de este sueño fugaz !"

"La vida como un carrillón,
que se enciende una nueva vez..."
- "Solo en la canción tendrás,
un espejo en vano...
abierto sobre un cuerpo rosa,
que se entrega en su destino..."

"En la vida,
siempre será el corazón de amor...
hasta el amanecer,
solo sentir las estrellas,
y saber que se mueven...
! Y que feliz la verdad de este mundo ideal !

"Yo vivo, pidiéndote que vueles más alto,
y los halcones te esperan...
junto al despertar...
ya no hay amparo,
ni sombras,
ni soles,
ni un tiempo alcanzado...
! Y que feliz la verdad de este mundo ideal !

sábado, agosto 23, 2008

Una flor amarilla- J.Cortazar

Parece una broma, pero somos inmortales. Lo sé por la negativa, lo sé porque conozco al único mortal. Me contó su historia en un bistró de la rue Cambronne, tan borracho que no le costaba nada decir la verdad aunque el patrón y los viejos clientes del mostrador se rieran hasta que el vino se les salía por los ojos. A mí debió verme algún interés pintado en la cara, porque se me apiló firme y acabamos dándonos el lujo de la mesa en un rincón donde se podía beber y hablar en paz. Me contó que era jubilado de la municipalidad y que su mujer se había vuelto con sus padres por una temporada, un modo como otro cualquiera de admitir que lo había abandonado. Era un tipo nada viejo y nada ignorante, de cara reseca y ojos tuberculosos. Realmente bebía para olvidar, y lo proclamaba a partir del quinto vaso de tinto. No le sentí ese olor que es la firma de París pero que al parecer sólo olemos los extranjeros. Y tenía las uñas cuidadas, y nada de caspa.
Contó que en un autobús de la línea 95 había visto a un chico de unos trece años, y que al rato de mirarlo descubrió que el chico se parecía mucho a él, por lo menos se parecía al recuerdo que guardaba de sí mismo a esa edad. Poco a poco fue admitiendo que se le parecía en todo, la cara y las manos, el mechón cayéndole en la frente, los ojos muy separados, y más aun en la timidez, la forma en que se refugiaba en una revista de historietas, el gesto de echarse el pelo hacia atrás, la torpeza irremediable de los movimientos. Se le parecía de tal manera que casi le dio risa, pero cuando el chico bajó en la rue de Rennes, él bajó también y dejó plantado a un amigo que lo esperaba en Montparnasse. Buscó un pretexto para hablar con el chico, le preguntó por una calle y oyó ya sin sorpresa una voz que era su voz de la infancia. El chico iba hacia esa calle, caminaron tímidamente juntos unas cuadras. A esa altura una especie de revelación cayó sobre él. Nada estaba explicado pero era algo que podía prescindir de explicación, que se volvía borroso o estúpido cuando se pretendía—como ahora—explicarlo.
Resumiendo, se las arregló para conocer la casa del chico, y con el prestigio que le daba un pasado de instructor de boy scouts se abrió paso hasta esa fortaleza de fortalezas, un hogar francés. Encontró una miseria decorosa y una madre avejentada, un tío jubilado, dos gatos. Después no le costó demasiado que un hermano suyo le confiara a su hijo que andaba por los catorce años, y los dos chicos se hicieron amigos. Empezó a ir todas las semanas a casa de Luc; la madre lo recibía con café recocido, hablaban de la guerra, de la ocupación, también de Luc. Lo que había empezado como una revelación se organizaba geométricamente, iba tomando ese perfil demostrativo que a la gente le gusta llamar fatalidad. Incluso era posible formularlo con las palabras de todos los días: Luc era otra vez él, no había mortalidad, éramos todos inmortales.
—Todos inmortales, viejo. Fíjese, nadie había podido comprobarlo y me toca a mí, en un 95. Un pequeño error en el mecanismo, un pliegue del tiempo, un avatar simultáneo en vez de consecutivo, Luc hubiera tenido que nacer después de mi muerte, y en cambio... Sin contar la fabulosa casualidad de encontrármelo en el autobús. Creo que ya se lo dije, fue una especie de seguridad total, sin palabras. Era eso y se acabó. Pero después empezaron las dudas, por que en esos casos uno se trata de imbécil o toma tranquilizantes. Y junto con las dudas, matándolas una por una, las demostraciones de que no estaba equivocado, de que no había razón para dudar. Lo que le voy a decir es lo que más risa les da a esos imbéciles, cuando a veces se me ocurre contarles. Luc no solamente era yo otra vez, sino que iba a ser como yo, como este pobre infeliz que le habla. No había más que verlo jugar, verlo caerse siempre mal, torciéndose un pie o sacándose una clavícula, esos sentimientos a flor de piel, ese rubor que le subía a la cara apenas se le preguntaba cualquier cosa. La madre, en cambio, cómo les gusta hablar, cómo le cuentan a uno cualquier cosa aunque el chico esté ahí muriéndose de vergüenza, las intimidades más increíbles, las anécdotas del primer diente, los dibujos de los ocho años, las enfermedades... La buena señora no sospechaba nada, claro, y el tío jugaba conmigo al ajedrez, yo era como de la familia, hasta les adelanté dinero para llegar a un fin de mes. No me costó ningún trabajo conocer el pasado de Luc, bastaba intercalar preguntas entre los temas que interesaban a los viejos: el reumatismo del tío, las maldades de la portera, la política. Así fui conociendo la infancia de Luc entre jaques al rey y reflexiones sobre el precio de la carne, y así la demostración se fue cumpliendo infalible. Pero entiéndame, mientras pedimos otra copa: Luc era yo, lo que yo había sido de niño, pero no se lo imagine como un calco. Más bien una figura análoga, comprende, es decir que a los siete años yo me había dislocado una muñeca y Luc la clavícula, y a los nueve habíamos tenido respectivamente el sarampión y la escarlatina, y además la historia intervenía, viejo, a mí el sarampión me había durado quince días mientras que a Luc lo habían curado en cuatro, los progresos de la medicina y cosas por el estilo. Todo era análogo y por eso, para ponerle un ejemplo al caso, bien podría suceder que el panadero de la esquina fuese un avatar de Napoleón, y él no lo sabe porque el orden no se ha alterado, porque no podrá encontrar se nunca con la verdad en un autobús; pero si de alguna manera llegara a darse cuenta de esa verdad, podría comprender que ha repetido y que está repitiendo a Napoleón, que pasar de lavaplatos a dueño de una buena panadería en Montparnasse es la misma figura que saltar de Córcega al trono de Francia, y que escarbando despacio en la historia de su vida encontraría los momentos que corresponden a la campaña de Egipto, al consulado y a Austerlitz, y hasta se daría cuenta de que algo le va a pasar con su panadería dentro de unos años, y que acabará en una Santa Helena que a lo mejor es una piecita en un sexto piso, pero también vencido, también rodeado por el agua de la soledad, también orgulloso de su panadería que fue como un vuelo de águilas. Usted se da cuenta, ¿no?.
Yo me daba cuenta, pero opiné que en la infancia todos tenemos enfermedades típicas a plazo fijo, y que casi todos nos rompemos alguna cosa jugando al fútbol.
—Ya sé, no le he hablado más que de las coincidencias visibles. Por ejemplo, que Luc se pareciera a mí no tenía importancia, aunque sí la tuvo para la revelación en el autobús. Lo verdaderamente importante eran las secuencias, y eso es difícil de explicar porque tocan al carácter, a recuerdos imprecisos, a fábulas de la infancia. En ese tiempo, quiero decir cuando tenía la edad de Luc, yo había pasado por una época amarga que empezó con una enfermedad interminable, después en plena convalecencia me fui a jugar con los amigos y me rompí un brazo, y apenas había salido de eso me enamoré de la hermana de un condiscípulo y sufrí como se sufre cuando se es incapaz de mirar en los ojos a una chica que se está burlando de uno. Luc se enfermó también, apenas convaleciente lo invitaron al circo y al bajar de las graderías resbaló y se dislocó un tobillo. Poco después su madre lo sorprendió una tarde llorando al lado de la ventana, con un pañuelito azul estrujado en la mano, un pañuelo que no era de la casa.
Como alguien tiene que hacer de contradictor en esta vida, dije que los amores infantiles son el complemento inevitable de los machucones y las pleuresías. Pero admití que lo del avión ya era otra cosa. Un avión con hélice a resorte, que él había traído para su cumpleaños.
—Cuando se lo di me acordé una vez más del Meccano que mi madre me había regalado a los catorce años, y de lo que me pasó. Pasó que estaba en el jardín, a pesar de que se venía una tormenta de verano y se oían ya los truenos, y me había puesto a armar una grúa sobre la mesa de la glorieta, cerca de la puerta de calle. Alguien me llamó desde la casa, y tuve que entrar un minuto. Cuando volví, la caja del Meccano había desaparecido y la puerta estaba abierta. Gritando desesperado corrí a la calle donde ya no se veía a nadie, y en ese mismo instante cayó un rayo en el chalet de enfrente. Todo eso ocurrió como en un solo acto, y yo lo estaba recordando mientras le daba el avión a Luc y él se quedaba mirándolo con la misma felicidad con que yo había mirado mi Meccano. La madre vino a traerme una taza de café, y cambiábamos las frases de siempre cuando oímos un grito. Luc había corrido a la ventana como si quisiera tirarse al vacío. Tenía la cara blanca y los ojos llenos de lágrimas, alcanzó a balbucear que el avión se había desviado en su vuelo, pasando exactamente por el hueco de la ventana entreabierta. «No se lo ve más, no se lo ve más», repetía llorando. Oímos gritar más abajo, el tío entró corriendo para anunciar que había un incendio en la casa de enfrente. ¿Comprende, ahora? Sí, mejor nos tomamos otra copa.
Después, como yo me callaba, el hombre dijo que había empezado a pensar solamente en Luc, en la suerte de Luc. Su madre lo destinaba a una escuela de artes y oficios, para que modestamente se abriera lo que ella llamaba su camino en la vida, pero ese camino ya estaba abierto y solamente él, que no hubiera podido hablar sin que lo tomaran por loco y lo separaran para siempre de Luc, podía decirle a la madre y al tío que todo era inútil, que cualquier cosa que hicieran el resultado sería el mismo, la humillación, la rutina lamentable, los años monótonos, los fracasos que van royendo la ropa y el alma, el refugio en una soledad resentida, en un bistró de barrio. Pero lo peor de todo no era el destino de Luc; lo peor era que Luc moriría a su vez y otro hombre repetiría la figura de Luc y su propia figura, hasta morir para que otro hombre entrara a su vez en la rueda. Luc ya casi no le importaba; de noche, su insomnio se proyectaba más allá hasta otro Luc, hasta otros que se llamarían Robert o Claude o Michel, una teoría al infinito de pobres diablos repitiendo la figura sin saberlo, convencidos de su libertad y su albedrío. El hombre tenía el vino triste, no había nada que hacerle.
—Ahora se ríen de mí cuando les digo que Luc murió unos meses después, son demasiado estúpidos para entender que... Sí, no se ponga usted también a mirarme con esos ojos. Murió unos meses después, empezó por una especie de bronquitis, así como a esa misma edad yo había tenido una infección hepática. A mí me internaron en el hospital, pero la madre de Luc se empeñó en cuidarlo en casa, y yo iba casi todos los días, y a veces llevaba a mi sobrino para que jugara con Luc. Había tanta miseria en esa casa que mis visitas eran un consuelo en todo sentido, la compañía para Luc, el paquete de arenques o el pastel de damascos. Se acostumbraron a que yo me encargara de comprar los medicamentos, después que les hablé de una farmacia donde me hacían un descuento especial. Terminaron por admitirme como enfermero de Luc, y ya se imagina que en una casa como ésa, donde el médico entra y sale sin mayor interés, nadie se fija mucho si los síntomas finales coinciden del todo con el primer diagnóstico... ¿Por qué me mira así? ¿He dicho algo que no esté bien?
No, no había dicho nada que no estuviera bien, sobre todo a esa altura del vino. Muy al contrario, a menos de imaginar algo horrible la muerte del pobre Luc venía a demostrar que cualquiera dado a la imaginación puede empezar un fantaseo en un autobús 95 y terminarlo al lado de la cama donde se está muriendo calladamente un niño. Para tranquilizarlo, se lo dije. Se quedó mirando un rato el aire antes de volver a hablar.
—Bueno, como quiera. La verdad es que en esas semanas después del entierro sentí por primera vez algo que podía parecerse a la felicidad. Todavía iba cada tanto a visitar a la madre de Luc, le llevaba un paquete de bizcochos, pero poco me importaba ya de ella o de la casa, estaba como anegado por la certidumbre maravillosa de ser el primer mortal, de sentir que mi vida se seguía desgastando día tras día, vino tras vino, y que al final se acabaría en cualquier parte y a cualquier hora, repitiendo hasta lo último el destino de algún desconocido muerto vaya a saber dónde y cuándo, pero yo sí que estaría muerto de verdad, sin un Luc que entrara en la rueda para repetir estúpidamente una estúpida vida. Comprenda esa plenitud, viejo, envídieme tanta felicidad mientras duró.
Porque, al parecer, no había durado. El bistró y el vino barato lo probaban, y esos ojos donde brillaba una fiebre que no era del cuerpo. Y sin embargo había vivido algunos meses saboreando cada momento de su mediocridad cotidiana, de su fracaso conyugal, de su ruina a los cincuenta años, seguro de su mortalidad inalienable. Una tarde, cruzando el Luxemburgo, vio una flor.
—Estaba al borde de un cantero, una flor amarilla cualquiera. Me había detenido a encender un cigarrillo y me distraje mirándola. Fue un poco como si también la flor me mirara, esos contactos, a veces... Usted sabe, cualquiera los siente, eso que llaman la belleza. Justamente eso, la flor era bella, era una lindísima flor. Y yo estaba condenado, yo me iba a morir un día para siempre. La flor era hermosa, siempre habría flores para los hombres futuros. De golpe comprendí la nada, eso que había creído la paz, el término de la cadena. Yo me iba a morir y Luc ya estaba muerto, no habría nunca más una flor para alguien como nosotros, no habría nada, no habría absolutamente nada, y la nada era eso, que no hubiera nunca más una flor. El fósforo encendido me abrasó los dedos. En la plaza salté a un autobús que iba a cualquier lado y me puse absurdamente a mirar, a mirar todo lo que se veía en la calle y todo lo que había en el autobús. Cuando llegamos al término mino, bajé y subí a otro autobús que llevaba a los suburbios. Toda la tarde, hasta entrada la noche, subí y bajé de los autobuses pensando en la flor y en Luc, buscando entre los pasajeros a alguien que se pareciera a Luc, a alguien que se pareciera a mí o a Luc, a alguien que pudiera ser yo otra vez, a alguien a quien mirar sabiendo que era yo, y luego dejarlo irse sin decirle nada, casi protegiéndolo para que siguiera por su pobre vida estúpida, su imbécil vida fracasada hacia otra imbécil vida fracasada hacia otra imbécil vida fracasada hacia otra...
Pagué.

miércoles, agosto 06, 2008

Dejandote caricias regadas por la ciudad

Desearía poder tocar tu rostro, oler tu cabello mojado ...pero simplemente me conformo con derramar caricias por la ciudad, esperando que alguna de ellas te encuentre...suba por tu pantalon esquivando una presencia que no es mia, hasta llegar a tu rostro y se quede allí, a lado de tu boca, justo en la comisura..donde te quiero dar un beso a medias, porque los besos completos no me parecen fruto del amor sino de pasiones truncadas...

Tengo la esperanza de que llegue el dia en que te pueda ver y rozar la espalda suavemente, quiero soñarte conmigo sabiendo que estás a mi lado...mientras la lluvia hace música en las ventanas de un apartmento chiquitito en Paris...

le temps detruit tout

...me dá un cafe porfavor...tic tac tic tac...te miro...te entiendo...tic tac...lloro...no te das cuenta...ticatac tic tac tic tac..me fui....tictac..llore otra vez...tic tac tic tac...te entiendo más de lo que te puedes dar cuenta...

Extrañeza

Me he encontrado sentada en el borde de mi cama con unas ganas locas por tomarte la cabeza entre mis manos y empezar a besarte sin parar, que es lo que me pasa? no debería siquiera pensar asi contigo, la censura me lo impide( mi propia censura), el momento en que te abracé no quería soltarte, quería plantarte un beso en medio de la frente, en tu ojo izquierdo y en el borde de tu boca, estaba a punto de hacerlo, pero la cuestionante me interrumpe, y la censura me avasalla...
Siento que tu igual que yo tienes una pena que no te deja respirar bien que te apretuja las costillas y apenas te da espacio para que la vida entre medida en ti...Tú al igual que yo te aferras a las fantasias y a tus fantasmas para sentirte más humano, tu igual que yo recurres a lo abstracto para decir algo que siento tan concreto...y yo igual que vos necesito alguien que no sea tan feliz, que mas bien sea obsesivo y con un toque neurótico.
Sin embargo, en mi afan por compenzar esta tristeza me propuse lograr una felicidad que se convierte en tan solo un grupo de instantes digamoslo interesantes... necesito alguien que dependa de mi, para que yo pueda depender de el, necesito alguien que si no estoy a su lado se vuelva loco, quiero alguien que me quiera tanto que pueda romper lo que sea que esté delante suyo solo para poder encontrarse conmigo...
Quiero alguien que se vuelva loco por mi, quiero alguien como tu, pero enamorado de mi y no de otra persona.

Un dia...cualquier día

Llegara un dia en que abra mis ojos y mire mis manos, observe cuan curtidas se encuntran por el paso del tiempo....y sentire mi corazon, y sabre que una vez fue joven y vigoroso, que latia por fuerza por uno que se fue y cuyo nombre no recuerdo... Ese dia sabre cuanto he vivido, reconocere mis errores, tarde ya...., reire de penas pasadas que en su momento fueron mi tormento, y recordare con ternura que todo ello ya fue y no volvera nunca mas... Con suerte sera casi el medio dia, y podre salir a caminar, casi sin poder, tomandole una mano a la vida, y otra a la muerte. Dare seguramente unos cuantos pasos, los suficientes como para llegar al mar y adentrarme en el para nunca mas salir.

jueves, julio 31, 2008

CANADA DRY - Julio Cortazar

Sé que me acordaré de un cielo raso
donde las manchas de humedad eran un gato, un número, una mano cortada.

Sé que me acordaré del ruido
de un water en alguna habitación lejana del hotel,
su triste catarata de bolsillo, su inevitable recurrencia.

Chaçun ses madeleines, chaçun ses Albertines

Serás por siempre imán de imágenes,
las más turbias y vanas me traerás con el gesto
que en la caliente oscuridad del cuarto
era encender los cigarrillos del hartazgo,
ver asomar nuestros desnudos cuerpos flanco a flanco,
Las más pequeñas turbias cosas,
una uña lastimada que te dolía tanto, el triste
rito de ir a lavarte y regresar, las servidumbres.

Tan sólo compartimos los bares y las calles
antes de amarnos contra tres espejos:
¿qué más podría darme tu recuerdo?

Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato
en el mismo bolsillo donde llevo esta vida
que ilustrará las biografías. Ve, pequeño fantasma,
el baño está ahí al lado,
yo fumaré esperándote
empezaremos otra vez. El cielo raso
dibuja un gato, un número, una mano cortada.

Te quiero en Mi-Bemol

Estoy empezando a olvidarme del olor de tu pelo, el olor a arroz quemado, a puchos, a vino y vainilla que inundaba el departamento cada vez que estabas conmigo. Quiero verte, escucharte renegar porque no puedes parir un acorde, te acuerdas cómo me tirabas a la cama y empezabas a besarme...empezabas a murmurar una melodía, dejabas de besarme, la escribías y te me venías encima...te acuerdas?
Y un día te fuiste, me dijiste que ya volvías y no te vi más, dejaste la llave con el portero, pagaste lo que faltaba de la renta y no te vi más. Aun te preparo el desayuno, aun espero que llegues, pero la puerta no se abre y ya casi no recuerdo tu olor.

martes, marzo 18, 2008

LAS VACAS

Estamos ante la inevitable crisis de las vacas; con tanta lluvia, las vacas se están ahogando, pero a la gente le importa un carajo; hayan o no, la cosa es saciar el buche, comerse un delicioso anticucho, protestar porque ahora cuesta más y seguir, total son solo vacas ¿verdad?

Hace un par de semanas atrás, en las noticias, vi dos cosas interesantes: la muerte de una vaca en tiempo real y 40 vacas muertas después de un accidente de transito. La primera me impresionó mucho, le quité el volumen al televisor, porque la música sensacionalista lo iba a joder....una vaca ahogándose en tiempo real, cosa de un minuto, la vaca luchando por sobrevivir, queriendo nadar, sobrevivir... pero finalmente optó por ahogarse. La escena me conmovió, me puse mal, como que me arruinó el día, la semana...aun pienso en esa vaca y me provoca una cosa extraña en el sentimiento de vivir.

Lo otro: cuarenta cadáveres de vacas en la carretera, atrapados en medio de fierros y maderos que antes eran un camión... la misma sensación. No me malinterpreten, aun como carne, no soy vegetariana ni nada por el estilo, solo que me conmovió...

Este asunto de las vacas viene presionándome hace ya rato, no se porque, las veo en todas partes, con esos sus ojotes que parecen a punto de llorar... ¿Por qué estos animalotes tienen cara de pena constantemente? Cuando se te acercan, porque les gusta que los toquen, te ponen una cara de nostalgia...increíble.

¿Qué habrá pasado por la mente de la vaca que se ahogó solita en medio de tanta agua? ¿Qué habrán sentido esas cuarenta vacas al darse cuenta que todas juntitas se iban a morir en un rato más? No dejo de pensar en vacas y sus ojos de eterna tristeza, tendrán ellas penas más grandes que las nuestras....si es así, me siento un poco más acompañada.

Tal vez se sienten decepcionadas de ser vacas, se ponen tristes porque no pueden salir del pastizal en el que están todo el tiempo, tal vez se sienten así de no conocer lo que pasa o por no darse cuenta.

Deben sentirse tan solas, toda su vida está destinada a producir para que otros consuman lo suyo, consuman su esencia, de su entereza de vaquitas. Cómo el sistema se aprovecha de las pobres vacas que nacen, engordan, comen... todo por nosotros, todo, todo por nosotros. Nos comemos a sus amigas, a sus bebés, les robamos su leche, las tratamos como si nada a las pobres vacas...

Creo que nosotros también somos un poco vacas, somos un montón de animalitos que salimos a pastar cada día, para producir algo que luego otros se lleva. Siempre hay alguien que se lleva una parte de nosotros, se llevan nuestra esencia, nuestra vida, nos ordeñan hasta la última gota y no vuelven hasta que no tengamos algo para dar.

Con estas lluvias que no paran de caer, será acaso que podremos ahogarnos, dejar de lado nuestro suplicio, nuestras penas, cerrar nuestros ojitos de vaca triste y dejar que el agua nos trague, nos hale hasta el fondo.

Yo no quiero ser la vaca de ojos tristes que encima el camión se resigna a ir al matadero o que todos los días se despierta para que la ordeñen a la misma hora. Prefiero ser la vaca que se ahoga en el Beni, que decide solita, que elige no perder su dignidad. Quiero ser la vaca que deja de mover sus patas y decide pastar en otra parte donde obviamente la hierba es más verde y sabe mejor.