domingo, noviembre 23, 2008

destruyendo hilos invisibles


Anoche vi una araña, gigante, el cuerpo parecía tener el tamaño de una moneda de dos pesos.
No podía emitir siquiera un grito, nada, solo la miraba con la boca abierta, se me erizaba la piel y yo me alejaba, poco a poco. Me frotaba los muslos con las manos, como queriendo quitarme este miedo que se me iba subiendo.
A pesar del grito ahogado, sentí una sonrisa asomando por la comisura de mi boca, la sentía asomarse, pero era raro, porque el miedo era genuino.
Entró mi mamá, ella si pegó un grito, casi como de gato, agarró un zapato y pum! estrelló a la pobre araña contra el velador de la cama -debio entrarse del jardín, no vuelvo a dejar la puerta abierta-Después, silencio.
Yo me conmoví, la araña me dio un cacho de pena, pero asco tambien, era de un color pálido y era grande, de seguro pocas veces había sentido el calor del sol en su lomo.
Luego me eché en la cama...empecé a hacer zapping y senti algo raro, una especie de melancolía de almita perdida, de pena...pobre araña, me dije y cambié de canal.

1 comentario:

Meli dijo...

horror!! odio que los bichos se metan a las casas, pero tienes razón en eso de que da un poco de pena matarlos...hoy mi papá se aburrió de las moscas que se metieron a la casa, así que las persiguió y a la última que aplastó con el matamoscas, pero que seguía viva, la sacó al patio y la dejó al lado de la entrada del hormiguero...imagínate no más lo que pasó después...horrendo, pbre mosquita.