sábado, octubre 08, 2011
una araña en el subte
Estaba sentada en el subte mirando la gente que viaja un domingo por la tarde. El subte estaba relativamente vacío, sin embargo algunas personas preferían viajar de pie, sería acaso la costumbre de la rutina la que los hace colgarse de las barras de metal?
En eso note una niña sentada casi delante mio, con la madre a lado, las medias tejidas como con hilo de araña y ella con las piernas tan finas, la cara angulosa, la cabellera larga y rubia y de un lacio casi artificial. La niña se miraba las uñas con mucha atención, las tenía pintadas de color rosa chillón y mascaba chicle con la boca abierta y se podían ver los hilos de baba detrás los labios untados en brillo labial.
La madre a lado suyo, era casi invisible, parecía una sombra o una papa, podía se perfectamente confundida con un bulto de ropa. Miraba a su hija idiotizada, como repasando cada una de sus acciones, como admirando cada uno de sus movimientos, sin decir nunca una sola palabra, pero sin despega
rle la mirada de encima.
Cuando llegamos a Lacroze se bajaron justo delante mio, la niña por delante estirando sus piernas largas, y la madre por detrás, parecía hacerle la corte, como llevándole un velo imaginario.
Cuán patéticas somos las mujeres, altivas y luego babosas, luego, una nada que admira y envidia cuando la piel era tersa, las piernas largas y finas y exudábamos un algo hormonal casi sin desearlo.
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