miércoles, mayo 02, 2012
Los Ñoquis del 29
Para los que vivimos en Bs. As. hace un tiempo, ya es costumbre escuchar esto de los "Ñoquis del 29" que dicen que es un tradición entre los argentinos, en la que casi a fin de mes, con lo que queda de materia prima nomas barata en la alacena, se les ocurre hacer alguito para paliar el hambre.
A mi por otro lado el 29 me trae muchas otras cosas a la mente, una por ejemplo, es el día mágico que de tanto en tanto nos ofrece uno que otro febrero para que sucedan cosas que no deberían suceder, algo así como la teoría de la pipoca (mi versión de la ley de Murphy con mis propias anotaciones), pero que dura 24 horas, sólo porque a un romano le salió mal el cálculo de días...o algo así, no se bien ni me importa.
Pero, en este preciso instante, este 2 de Mayo que se agota de a poco, se acerca otro 29, uno jodido..jo-di-do...jodido porque me duele, para que nos vamos a ir con vueltas, jodido porque se supone que debería ser para mi un momento de festejo, pero no es mas que un momento de terrible congoja que no deja de ponerme los ojos como dos pelotas desde las 5 de la tarde que llegue casi corriendo a casa porque sentía que tenia un cántaro en la garganta que se me había roto y necesitaba salir en forma de grito ahogado, que venía desde el fondo de mi ser.
Uno de esos gritos que cuando lo escuchas, sientes como si el aire se corriera, algo así como la media nylon vieja de alguna tía que huele a colonia vencida, casi con dejo de alcohol, un sentimiento que te provoca la misma sensación cuando ves como el jarrón que la abuela encargó con tanto cuidado, se te va cayendo en cámara lenta hacia el piso de porcelanato, para quedar hecho trizas. Eso mismo, así me sentía yo, así, como estas cosas feas, mágicas, pero terribles. Encima, en medio de esto, mi cabeza, que a veces no hace mas que darme dolores, no paraba de pasarme recuerdos sensoriales en todas sus variedades: el sabor del mate amargo mientras entra el viento frío de Tandil por la ventana del coche que huele a gasolina y sandwichitos de miga, el olor de la brisa de mar, mezclada con los bronceadores de coco y la sensación de arena en la cara, los eucaliptos rozándose unos a otros como haciéndole la segunda a una voz cantando una canción de Gainsborg, en muy mal francés...todo eso, horrible, secuencias y secuencias que me dejan un muy mal sabor en la boca, que no se me va ni comiendo leche en polvo.
Quiero pasar este 29 que se me viene encima, pero no se como le voy a hacer, porque recordar ciertas cosas, no me hace bien, porque saber cual es la forma exacta de una boca, no me hace bien, porque conocer cada gesto me estruja el alma, cada rulo en esa cabeza, particularmente el de superman, me amartela...pero me vale, lo voy a intentar.
Porque así como los gauchitos descendientes de tanos ponían un billete bajo el plato para atraer la buena suerte y la fortuna para el mes siguiente, yo voy a poner mis recuerdos bajo este 29, a ver si los siguientes son mas febreros que mayos, a ver si asi salgo de vuelta a comerme la miel con las manos, sin importarme que el vestido me quede todo pegote y unas cuantas hormiguitas me sigan, total, se supone que asi uno marcha por la vida no? despreocupado y con la cara sucia, pero con un sabor a dulzura en la boca.
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