Ya lo se, soy un poco intrusa a veces, me le quedo
mirando a la gente mientras están en el colectivo, analizándoles cada detallito
que llevan, o miro para dentro de las ventanas de las casas que dan directo a
la calle, sólo para ver qué hay ahí dentro, a veces los escucho pelear, ver
tele, escuchar el partido y otras tantas no está nadie mas que el gato, paseándose
entre los muebles.
Así estaba yo el otro día en el bondi, mirando a una
mujer delante de mí, ella tenía puesto el anillo de matrimonio en un dedo
regordete que casi suplicaba que le remuevan el grillete…pero eso no era lo que
me llamaba la atención, algo andaba mal, algo no cuadraba, tenía cara como de
amargada o capaz molesta, se notaba que no estaba conforme con nada, pero que
esta situación no hacía más que envolverla.
La miré casi por diez cuadras, ella estaba ahí,
sentada, haciendo como que miraba sin mirar, con los ojos bien abiertos. No se
si los tenía así porque le daba miedo cerrarlos, o tal vez vergüenza. Ella igual
no entiende nada, pensé; sólo camina y camina, cada día la misma ruta, el mismo
bus; se deja llevar, vive una rutina que la absorbe y no quiere salir porque
capaz y tiene miedo, miedo a la duda, la culpa, el chisme, el frío, a perder la
poca fuerza que le queda.
Cómo habrá sido ella antes, me pregunto. Qué es lo
que pensaba hasta hace no mucho, cómo se volvió esta nada, esta imagen borrosa
de alguien, un cosa, una nube de humo que no existe para nadie.
Me dio bronca y sentí unas ganas enormes de darle un
sopapo y hacerla reaccionar, unas ganas de gritarle: Despertate!!! Empezá a
vivir, pero ya!!! Luego me di cuenta que eran las 8:25 am y yo ya estaba
llegando tarde a un trabajo que odiaba y como que sentí vergüenza.
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